viernes, 11 de febrero de 2011


La perturbación se teje a medida que el color se despliega húmedamente sobre el papel a través de surcos amorfos que absorben todo intento de interpretación. Las manos de la deidad poseen la capacidad de la creación. Lo creador se asocia con el desbordamiento del caos en la medida en que este último es consecuencia de la creación. El caos se propaga y satura el universo con sus inciertas presencias fantasmagóricas. Así, el demonio o los demonios como símbolo hacedor del orden emerge de los vértices del caos dejados por la predegestinación.

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