viernes, 11 de febrero de 2011


El quinto brazo en teoría debería crear tramados convexos pero los largos dedos sólo consiguen crear grietas por medio de explorar las grietas cósmicas ya existentes, dando origen a los designios, aquellos que tienen la capacidad de evocar la simetría de una pared ya olvidada. Si un ser humano lograra descifrar cada uno de los designios podría conseguir perderse en su propio universo.

El sexto brazo es el menos intangible de todos, su capacidad reside en susurrar el caos a partir de descomponer el legado de Anubis e insinuar la creación a partir de reagrupar el caos para posteriormente expresarlo en líneas asimétricas.

El séptimo brazo se despliega a medida que el calor estelar cocina a altas temperaturas cada uno de los ingredientes agrupados en el preparado alquímico que va adquiriendo su textura opaca, la cual misteriosamente se tornará tan brillante que cualquier mortal podría contemplar allí su propia silueta.

El octavo brazo interviene sustituyendo los incipientes surcos de orden que pueden emerger del caos. Su función queda reafirmada al dejar inconcluso el último momento y con ello, el caos; la creación misma.

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