
El caos posee momentos en los que simula adquirir forma. La memoria de la ciudad, “¿Pero, de cuál ciudad?” – se pregunta el contemplador. La arquitectura de los sentimientos antepone ante el predominio de un fondo incoloro. Experimentación de triángulos dentro del caos y la creación. Difuminación de sentidos y ausencia ante presencias que no tienen ningún propósito preestablecido o medianamente cercano a la intuición. Tal vez el propósito de un objeto así, sea la pausa, la cual aprovecha el predegestinador para limpiar sus instrumentos en las corrientes densas del visolate.
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